A mí me encanta ser feliz y una parte fundamental de mi estado de plenitud es la comida.
Cuando era yo una dulce y tierna bebita, Mary y mi mamá me daban de lo suyo, esto no quiere decir que me compartían su comida, sino que me daban la porción completa de lo que las manos de mi cuñada preparaban.
El anochecer era iluminado por el grito de “¡Pan!”, emitido por el joven y simpático Chino, mi corazón se aceleraba, para mí sería una pieza de concha, laurel, bigote, corbata, volcán o cualquier otro pan dulce que aquel amable joven vende.
Al llegar mi papi qpd a la casa, la fiesta daba comienzo, pues no sólo era departir con él en charlas, bailes y juegos. Además, él me compartía de su hamburguesa, papas a la francesa, pizza mexicana o ranchera, ensalada de pollo o alegría de amaranto. Los días de fiesta con mi papi terminaron en noviembre de 2023.
Mi veterinaria recomendó croquetas de dieta para mí y nada más. Sin embargo, yo disfruto de los alimentos “extra” los fines de semana y a veces, cualquier día laborable.
Hoy vino Pepe, a mí me encanta que nos visite porque siempre llega con algo delicioso. En la mañana, yo cumplí con mi función de perrita anfitriona, lo recibí y acompañé a todos los lugares en los que anduvo. A cambio, me regaló un buen pedazo de torta de pollo, un sorbo de café con leche y luego, por la tarde, la mitad de su sope con bistec. ¡Es un gran amigo!
En el intervalo entre lo primero y lo último que me convidó, hizo una transformación al patio de la residencia para terminar lanzando pinzas que mi mami recogía. No supe si era parte de un juego, como cuando lanzan mi muñeco para que yo lo traiga de regreso. ¡
GUAU!




